divendres, 8 d’agost de 2008

Vivir del cuento


La Sociedad General de Autores y Editores (la SGAE) se dedica a la gestión de los derechos de autor de sus socios, entre los que se cuentan toda clase de artistas y de empresarios del negocio de la cultura. Desde finales de la década de los 80 la SGAE empezó a obtener ingresos a través del llamado canon compensatorio por cintas de audio y vídeo, por equipos de música y televisores en locales públicos. La digitalización de los soportes musicales y audiovisuales llevó consigo la extensión del canon a los nuevos formatos (CD/DVD, memorias portátiles, etc.) y también en otros campos culturales, como en las bibliotecas.

Gracias al amparo de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI), la SGAE puede reclamar el pago de derechos de autor ante cualquier actividad desarrollada en nuestras bibliotecas públicas cuando consideren que se hace difusión de una obra cultural. Cuando, por ejemplo, se hace una audición de música clásica en una biblioteca, la SGAE pide lo suyo. Me gustaría saber cual es el número de asociado de Mozart, sabía que la SGAE tenía su tiempo, pero ¿tanto?

Y lo último ha sido la hora del cuento. Un cuentista viene a la biblioteca y relata un cuento infantil a un auditorio de niños y padres. Esto es una comunicación pública de una obra cultural según el artículo 20 de la LPI por la que la SGAE podría reclamar derechos.

Que la SGAE haga llegar sus royalties a Mozart, pase. Yo qué sé, podría tener legítimos descendientes o siempre queda contactar directamente con él a través de la ouija. Pero a ver cómo se lo montan para ponerse en contacto con Caperucita Roja o con los tres cerditos.

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