dijous, 17 de febrer de 2011

El Cairo

El otro día recordaba que uno de los principales shocks que recibimos cuando pisamos El Cairo (después del de pasar la aduana) fue montarnos en un taxi e incorporarnos a la circulación.

Los egipcios circulan con un carril o dos más de los que se encuentran dibujados en la calzada. Esto implica que prácticamente no exista separación lateral entre vehículos y se haga del todo imposible la utilización de los espejos retrovisores. Para solucionar este problema, los cairotas han desarrollado un práctico código sonoro mediante toques de claxon:

- Un toque = Voy. Y voy significa voy, eh. No es aquello de "bueno, tengo la intención de tirar, a ver si no viene nadie y tiro...". No, no, es voy y da igual quién pueda haber ahí. Si te encuentras al lado de un tío que da un toque de claxon, ese tío viene, te pongas como te pongas.

- Dos toques = Tira. Pues eso, uno te dice mec-mec (tira) y tú contestas mec (voy). No es complicado, aunque requiere práctica.

- Tres o más toques = lo mismo que aquí, es decir, mecagontuputamadre!

Este sistema, que proporciona muchas ventajas, también tiene sus inconvenientes. Y es que todo el puñetero día se produce una contaminación acústica tal, que los turistas acaban teniendo nervios en los nervios. Si a esto le añadimos los cantos de los imanes desde los minaretes de las mezquitas, terminas deambulando por la calle mirando nerviosamente para todas los lados al mismo tiempo, como las palomas, vamos.

Hay varias normas de circulación muy interesantes y suficientemente originales como para tenerlas en cuenta. Por ejemplo, se baja de los autobuses en marcha. Da igual la edad que tengas. Una vez vi cómo un señor bastante entrado en años se bajaba en plena marcha de un bus, mientras éste circulaba por una glorieta del tamaño de la de Plaza España de Barcelona, estando el vehículo en el carril interior y con el resto de carriles repletos de coches circulando y dando constantemente un toque de claxon. Pegó un tropezón y tubo que ser placado por un grupo de jóvenes que estaban reunidos en la acera. ¡Hay que ver lo atentos y solidarios para con su prójimo que son los egipcios!

Otra norma a tener en cuenta es que el taxi se comparte. Con o sin permiso. No te vayas a extrañar si se te sube un tío en pleno trayecto. Atravesar El Cairo de cabo a rabo no es un viaje para hacer en solitario, siempre va bien la compañía.

Y, por último, la figura del guardia urbano difiere sensiblemente de la del de aquí. Concretamente, en el hecho de que no hace falta hacerles caso y se les puede insultar y gritar sin ninguna clase de miramiento. Están para eso.

La ciudad me encantó y sus habitantes me parecieron de una calidad humana fuera de lo normal, sobretodo acostumbrados a nuestros fríos conciudadanos. Si vas a El Cairo y tienes la suerte de no estar cargado de prejuicios y soplagaiteces, no dudes en mezclarte con su gente, coger el metro, charlar con ellos.


Una sociedad que puede circular en ese caos sin despeinarse, seguro que podrá recuperar los derechos que les fueron arrebatados.

¡¡Arriba el pueblo egipcio!!

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